¡Hola de nuevo!

Tras unos meses de mucho trabajo y poco tiempo para escribir, por fin he encontrado un hueco para continuar con la serie de Posts Teóricos sobre la imagen digital. ¡Espero que os parezcan interesantes!

En concreto, hoy vamos a hablar acerca del color. Se trata de un tema con muchísimo potencial, por ello, planteo esta entrada como una primera toma de contacto o introducción al mismo.

Como ya comenté anteriormente (ver post), las imágenes están formadas por píxeles y cada uno de ellos representa la unidad básica que las compone. Es decir, que cada píxel contiene una información limitada acerca de la imagen en ese punto. Cuando estas unidades se agrupan, su información en conjunto permite al usuario la visualización de la imagen final compuesta.

En escala de grises, la información de cada píxel consiste en su tono/luminosidad, es decir, su variación desde 0=negro al valor 255=blanco. Si se trata de una imagen en color, cada píxel contendrá información sobre su color uniforme, brillo, saturación, …

Sin embargo, los ordenadores y dispositivos electrónicos almacenan esta información en código binario. Las cifras binarias están formadas por unos y ceros que componen un número total potencia de 2, 8, 16 o 32. Cada uno de estos unos y ceros se llama Bit y a un conjunto de 8 bits se les llama Byte.

¿Os suena de algo? 🙂  No vamos a entrar en profundidad en este tema, sin embargo, es importante saber que según la cantidad de información que contenga este código podremos obtener mayor o menor profundidad de color en nuestras imágenes. En definitiva, cuanta más información contenga nuestro archivo, mayor gama de colores estarán disponibles. Esto es muy favorable para los degradados y las transiciones de color.

Las imágenes en escala de grises, también conocidas como en “blanco y negro”, son archivos que suelen ser más ligeros ya que la cantidad de información que contienen se centra en su iluminación y no incluye nada acerca del color. Es decir, cuando pasamos una foto en color a blanco y negro estamos “eliminando” información de la fotografía. De hecho, principalmente se usa esta técnica para resaltar la importancia de la iluminación de la escena, prescindiendo del color en la composición.

La imagen a color es la que proporciona mayor información gráfica y puede clasificarse según la cantidad de bits que contiene cada píxel. Es decir, la profundidad de color viene determinada por el número de bits de los píxeles de una imagen. Por tanto, un píxel con un alto número de bits proporcionará mayor cantidad de colores. De igual modo, el tamaño del archivo será mayor al contener más información en cada punto.

Como ya vimos en posts anteriores (ver post) las imágenes digitales se representan mediante los colores RGB (Red – Green – Blue) en nuestros dispositivos. Es decir, se superponen 3 imágenes – una en rojo, otra en verde y otra en azul – que dan lugar a la imagen final que podemos visualizar a través de nuestra pantalla.

Esto quiere decir lo siguiente:

  • Cada píxel viene definido por 3 Bytes: 1 Rojo + 1 Verde + 1 Azul
  • Cada uno de ellos tiene una gama de 256 tonos. Recuerda, del 0 =negro a 255=blanco ambos incluídos.
  • La imagen final tendrá una gama de 256 x 256 x 256 colores. Como resultado se obtienen los llamados 16,7 millones de colores.
  • Recuerda que 1 Byte= 8 bits. Por tanto esta imagen tendría una profundidad de color de 24 bits (8bits por cada color RGB).

En general los programas de edición fotográfica nos dan a elegir las profundidades de color siguientes:

  • 8 bits x 3 canales = 24 Bits en cada píxel. 16,7 Millones de colores.
  • 16 bits x 3 canales = 48 Bits en cada píxel. 281 Billones de colores.
  • 32 bits x 3 canales = 96 Bits en cada píxel. Estas son las llamadas HDRI (High Dynamic Range Image)

Dependiendo de la finalidad de las imágenes, será necesaria una mayor o menor amplitud de la gama de color. Hay que saber elegir bien ya que el gran impacto en el peso del archivo y sus ventajas reales no tiene por qué compensarse siempre. Es decir, hay que decidir cuándo merece la pena y cuándo no trabajar en esas profundidades de color.

Como resumen final podría decirse que, por lo general, trabajamos en 8 bits con archivos de extensión JPEG casi todo el tiempo, ya que ofrecen una calidad muy aceptable y pesan poco.

Por otra parte, los archivos que manipulamos en 16 bits suelen ser originados por cámaras fotográficas tipo Réflex que producen imágenes de 12-14-16 bits en formato RAW (en bruto) precisamente para su post-producción y ajuste en programas de edición fotográfica.

Los 32 bits que proponen las imágenes HDRI se consiguen a través de la superposición digital de fotografías con diferentes grados de exposición (cantidad de luz), pero esto es una gran simplificación del proceso para no complicarnos más de la cuenta.

Espero que os haya gustado esta primera parte acerca del color. Puede resultar demasiado técnica, pero es bueno tener en cuenta estos aspectos como base a futuras entradas sobre el color.

¡Muchas gracias por leer hasta aquí! Hasta la próxima. 🙂

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